Ilustración: Ignacio Ortega.

Primer Lugar

Dolor o molestia

Ahora que sus logros lo acercaban a sus sueños. Ahora justo ahora, irrumpe esta noticia. Bajando por la Costanera, el tono neutro de la voz de Sara, lo acompaña: “Murió el papá. ¡Mamá pregunta si vendrás!”. Vuelve a aparecer con nitidez, aquella niñez y juventud de calles polvorientas, de un pueblo sin sueños, de gritos con aliento a alcohol, de carencias y de silencios. Todo muy lejano al café latte, a la inmediatez de sus respuestas, a la seguridad de su abundancia. Aun así, no podía descubrir si la partida de su padre, era dolor o molestia.

César Rodríguez Alarcón, 54 años, Santiago.

Ilustración: Elena Ho.

Segundo Lugar

Bucle

Perdido en una galería en el centro de la ciudad, busca poder salir. Pero las salidas se multiplican a cada paso, y él se ve reflejado en todos lados. Duda si es él quien trata de quedarse o es su reflejo quien trata de huir.

Felipe Bibiano Verdugo, 20 años, Maipú.

Ilustración: Nata Acevedo.

Tercer Lugar

Santiago

Llegó a esta ciudad y sonrió ante el alcance de nombres. Se llama Santiago, como bautizaron al tataratatarabuelo que desembarcó en Cartagena de Indias, engrillado, un día de julio después de cruzar el Atlántico. Eran 300 y sólo llegaron 103 esclavos congoleses vivos. Pero Santi, profesor colombiano, en Chile nochero, no piensa en ese abuelo esta madrugada cuando ajusta su parka comprada a los coleros del barrio Yungay. Su cuerpo entumecido se agacha lento, de su bolsillo saca su mano congelada, desnuda y sorprendida que al amanecer este 15 de julio del 2017, en Santiago de Chile, conoció la nieve.

Loreto Merino Montoya, 36 años, Recoleta.

Ilustración: Mariel Sanhueza.

Talento Infantil

Amanecer

Cada mañana, una manta gris cubre esta cuenca, como si algo grande estuviera durmiendo ahí adentro: un gigante, inquieto y curioso, que empieza a desperezarse con cada automóvil que se mueve. Las luces comienzan a encenderse, como si abriera sus enormes ojos, pestaña por pestaña. Las muchedumbres salen en busca de su destino, como un gran bostezo. Hoy ha tenido un sueño extraño, también ideas nuevas. Son sueños que los forasteros le han susurrado al oído durante la noche. Se mira en el espejo blanco de la cordillera con determinación, y se alista para salir a buscarlos.

Victoria Espinoza Guerrero, 11 años, Las Condes.

Ilustración: Javiera Mac-Lean.

Talento Joven / Premio del Público

Palabras

Hoy me fijé que las personas necesitamos que alguien nos recuerde lo que queremos decir. Me refiero a que si digo algo y un grupo de personas me escucha, probablemente se pongan a hablar de un tema relacionado a eso. Así fue como, después del colegio, caminando hacía mi casa, comencé a gritar palabras al azar, solo para probar. Quién sabe, quizá revelé secretos, quizá uní parejas, quizá terminé amistades, quizá hice muchas cosas y quizá esas mismas palabras vuelvan a mi mañana.

Daniela Ortiz Flores, 16 años, Panguipulli.

Ilustración: Sam.

Talento Breve

Invitación

La invité a tomarnos algo: Y nos tomamos el Liceo...

Franco Muzzio Salas, 40 años, Ñuñoa.

Ilustración: María Antonieta Guevara.

Talento Mayor

El lector

Veía al viejo llegar a sentarse en un banco del Parque Forestal, frente al monumento a Rubén Darío. Siempre con un libro en la mano. Para mí, era el mayor lector del mundo. Se concentraba tanto en la lectura que parecía sumergirse entre las páginas. Y un día lo hizo: se metió en el libro. Juro que sí. ¡El libro lo absorbió! Me dije: “Imposible”. Pero el mejor lector del mundo había desaparecido y el libro estaba inerte sobre el banco del parque. Pensé: “¡Qué libro más extraordinario!”. Y me lo robé. Lo llevé a casa con lector y todo.

Rodrigo Atria Benaprés, 65 años, Ñuñoa.

Ilustración: Diego Arenas.

Talento de Barrio

Instrucciones para estudiar en una casa pareada y hacinada

Primero, espera que todos terminen de comer para usar la mesa del comedor e instálate en una de las sillas –cualquiera que no esté rota–. Luego, intenta ubicar tus fotocopias en algún lugar donde la luz de la única ampolleta del living-comedor te alcance. Por último, y por cierto lo más importante, ignora el ruido: ignora la televisión encendida a pocos metros, ignora a tu mamá conversando con tu tía, ignora a los niños gritando, ignora el ladrido de los perros, ignora la música ranchera de tu vecina y uno que otro balazo.

Angélica Ramírez Valdés, 25 años, Conchalí.

Ilustración: Alex Perís.

Mención Honrosa

Radio a pilas

Al tío Mario le gustaba escuchar las noticias. Tenía una pequeña radio a pilas que se colgaba en la muñeca derecha y que la trasladaba a todas partes. La escuchaba cuando almorzaba, cuando iba al baño, cuando regaba el jardín y también cuando dormía. En el barrio, en vez de tío Mario, le decían “el tío Radio”. Cuando le diagnosticaron Alzheimer primero dejó de trabajar. Después dejó de entender y luego dejó de hablar. Sin embargo, el tío Mario nunca dejó de escuchar las noticias en su pequeña radio a pilas.

Alejandro Müller Gutiérrez, 44 años, Ñuñoa.

Ilustración: Sofía Moreno.

Mención Honrosa

Coima

Mi vecina tiene un gnomo en su jardín. Cuando chico mi mamá decía que tenía poderes, que veía si yo me portaba mal o si hacía la cimarra, que si no cómo se había enterado ella de que mi padrastro escondía el copete en el rosal. Por eso nunca falté un maldito día al colegio. Cuando vuelvo curado de los carretes, le tiro sus monedas al gnomo para que no se vaya de tarro.

Paula Torres Zamorano, 46 años, Las Condes.

Ilustración: Matheus Aravena.

Mención Honrosa

El actor de los semáforos

Él buscaba sigilosamente en el basural los atuendos que vestiría para sus funciones. Por cada luz roja del semáforo, representaba una escena distinta con guion improvisado, entreteniendo así a sus motorizados espectadores. De reojo, observaba cómo unos le ignoraban, mientras otros tocaban la bocina aprobando la función. Cayendo el telón, al encender la luz verde, culebreando entre los vehículos, suplicaba una chaucha que premiara su esfuerzo. El aplauso y el olvido –para él– estaba determinada por una línea delgada que colgaba de la refulgencia del semáforo, que tras cada minuto y medio le ofrecía otra oportunidad para cambiar su historia.

Cristian Campos Acevedo, 48 años, El Bosque.

Ilustración: Joel Gálvez.

Mención Honrosa

Dando cara con los pies en la tierra

Capturaron a mi hermano. “Es un descarado”, dijo un testigo. “Al mal tiempo, buena cara”, dijo un amigo. Nuestro padre solía decir: “No tiene cabeza para los negocios”. En la comisaría gritó: “¡Le dije que tenía que sentar cabeza!”. Mi madre le dijo que el amor era ciego. Ante el oficial balbuceó: “Nunca tuvo buen ojo para las mujeres”. “Tenía la mano larga, pero no dedos para el piano”, dijo un vecino. “¿Para qué buscarle la quinta pata al gato? Lo pillamos con las manos en la masa”, señaló el comisario. Yo invoqué a O’Higgins: “A lo hecho, pecho”.

Felipe Vidal Muñoz, 23 años, Ñuñoa.